El director de un gran banco visita una pequeña filial en un pueblo, para hacer una inspección sorpresa. Al entrar al banquito, se encuentra con la sorpresa de que los escritorios están vacíos y detrás de las ventanillas tampoco hay nadie.
Muy sorprendido, el director se dirige a la puerta que da a la bóveda y ve que los tres empleados están sentados en el suelo jugando cartas. Muy enojado regresa a las ventanillas y pica el botón de alarma instalado para avisar a la policía de que hay un robo.
Espera un par de minutos y... en eso entra el mozo del bar de enfrente con tres cervezas en una charola...